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29.08.16 - ¿De qué viven los artistas? (algunas respuestas)

Leyendo este artículo de Bea Espejo finalmente entiendo que llevo mucho tiempo siendo artista profesional, un concepto demasiado “grande” a la vez que demasiado precario e insostenible.
Así pues me siento interpelado para opinar sobre estos temas que nos afectan al 50% de artistas de “rango precario”. Yo también he formado parte de este porcentaje de personas que apenas perciben 8000€ anuales por su actividad relacionada directamente con el arte.

Lo primero que me llama la atención (lo venimos leyendo desde hace años) es la idea de potenciar, estimular o fomentar el coleccionismo.
Esta idea me remite inmediatamente a otros ámbitos profesionales:
-Ante la crisis del ladrillo esuchamos a menudo que hay que estimular la construcción. (recordemos que hay arquitectos que no trabajan (o no trabajan como arquitectos) precisamente porque lo harían por debajo de un salario mínimo. Lo mismo pasa con albañiles, alicatadores, electricistas, etc)
-Ante las periódicas crisis del petróleo y del sector del motor, se reclaman (con éxito para los productores) campañas estatales de estímulo al consumo de vehículos, etc.
-Ante crisis económicas un largo etc de medidas potenciadoras de consumo, aumentos de tasas fijas (o lo que es lo mismo, consumos mínimos obligados), etc…

Personalmente creo que dichas medidas no tienen cabida en un sistema que pretenda ser equilibrado y sostenible a largo plazo. De hecho sí caben y existen. Pero no son sostenibles. En consecuencia el sistema no está equilibrado.

En este sentido me parece que el estímulo o el fomento del coleccionismo puede ser un arma de doble filo. Me pregunto, ¿quién debe ser el sujeto que estimule ese coleccionismo? ¿debe ser la economía pública la que “financie” o facilite fiscalmente ese coleccionismo? Igual que la sanidad pública no se debe financiar para que los médicos tengan trabajo, sino para mejorar la salud de los pacientes, en la cultura o en el arte ¿se debe financiar como un servicio a la ciudadanía o para dar trabajo a la gente del sector?

Si consideramos el arte como algo verdaderamente valioso, como una necesidad importante, lo deberíamos equiparar a las necesidades de alimentarse, de habitar (cobijarse, calentarse…), de aprender y de comunicarse (trasladarse…).
En consecuencia creo que debemos pensar sobre la relación, comercio y consumo del arte a través de las mismas lógicas (las ideales, no las hegemónicas) de dichas 4 necesitades básicas.

En este punto, ¿sabemos qué parte de nuestro trabajo es realmente necesario? ¿conocemos qué producciones de las que generamos son contingentes? ¿invertimos tiempo y esfuerzo en la realización de proyectos y obras prescindibles?

En el siglo XIII (y siguientes) los artistas no eran remunerados por trabajos personales no necesarios sino por trabajos de encargo, que servían a las lógicas del poder (no muy distinto a lo que ocurre hoy) y, posteriormente a lógicas o ideales comunitarios. Sólo a partir del XIX el artista (unos cuantos) creyeron que su arte personal podía universalizarse como necesidad de los demás extrapolando su yo (o su ego) a distintas sociedades y tiempos para trascenderlos y, a su vez, transgredir dichas lógicas.

Hoy somos muchísimos. Entonces… ¿producimos demasiado arte? Actualmente hay una sobreproducción evidente de imágenes. ¿todas necesarias? Somos tercos y creemos que nuestra actividad es necesaria y estamos dispuestos a cobrar poco (incluso a invertir) para desarrollar nuestra actividad profesional y vocacional. Creemos en ello. Profesionales que cubren otras necesidades básicas dificilmente siguen trabajando si no ven legitimada su actividad (o lo que es lo mismo: no llegan a un salario mínimo sostenible y sustentable). Los artistas somos una excepción. Seguimos trabajando en lo nuestro. Y luego, por supuesto, nos quejamos.

Las crisis sistémicas también tienen sus aspectos positivos y lo sabemos. Hemos visto renacer micropolíticas no estatales que conllevan soluciones duraderas. Éstas vienen de las articulaciones, sumas y redes de ciudadanos que requieren servicios o productos concretos y se organizan para conseguirlos de una manera justa, equilibrada y satisfactoria. Cooperativas, asociaciones de consumidores y comunidades de otra índole han ensayado esas fórmulas con éxito a través de una economía circular (modelos sostenibles a través de movimientos sociales directos, justos, transparentes y transformadores). En varias de estas iniciativas los mismos productores participan y toman parte activa. Además, actualmente tenemos suficientes indicios para pensar que una economía pública sostenible hace tiempo que no está viniendo de los estados sino de economías cooperativas, solidarias, colectivas…
Unos ejemplos en sectores importantes…

Si el estado estimula el consumo de energías fósiles, miles de personas se organizan, a pesar de trabas o decretos, para consumir y producir colectivamente su propia energía renovable generando, a su vez, nuevos puestos de trabajo.

Si los estados permiten la colonización de nuestra cadena alimentaria con semillas transgénicas, pesticidas y contaminantes varios, muchos consumidores se están organizando en redes, con éxito, para posibilitar la rentabilidad y sostenibilidad de mas y mas iniciativas y explotaciones profesionales de agricultura ecológica.

Ante la permisividad en la especulación urbanística, cooperativas de vivienda, etc.

La mayor parte de esas micropolíticas, lideradas por parte de redes de consumidores, no solamente generan una masa crítica con respecto a la producción final sino que están contribuyendo a un cambio efectivo de roles en los sistemas de producción (ej: a más personas que requieran energía renovable, mas porcentaje de energía no contaminante debe producir el sistema energético entero a través de modelos alternativos)

En resumen, aunque un oligopolio 4 o 5 actores principales (también en el negocio del arte) “ofrezca” o imponga hegemónicamente sus bienes a un sistema, hay alternativas para los pequeños productores. Y creo que éstas pasan por la suma de necesidades, opiniones y organizaciones de consumidores/destinatarios finales.

No puedo estar mas de acuerdo con Cristina Garrido, en su respuesta final del mismo artículo: “Sin embargo, a diferencia de otras áreas sociales, nuestro sector parece ser una excepción cuando hablamos de derechos laborales, remuneración y mínima regulación de nuestras condiciones como trabajadores. El trabajo artístico no debe ser una excepción; ni privilegios, ni desventajas frente a otros campos.”

Sea como sea, ante crisis sistémicas opino que hay que plantearse preguntas fundamentales sobre cómo y por qué producimos.
En nuestro caso, quizás deberíamos preguntarnos qué arte es necesario en nuestras redes y comunidades. No hablo de producir arte a demanda, pero si queremos que nuestra actividad sea remunerada y que una gran cantidad de artistas realicen un trabajo sostenible y necesario habrá que plantear cuestiones básicas que sí se tienen muy en cuenta en otros sectores. O como decía (y practicaba con éxito) un artista del baloncesto “no te preguntes lo que los demás pueden hacer por tí sino qué puedes hacer tu para los demás” (Magic Johnson).

Y lo mas alentador es que todas estas cuestiones, y más, en manos (y mentes) de artistas pueden dar lugar a soluciones muy creativas. A fin de cuentas, ¿qué es la creatividad sino la capacidad de hallar soluciones no previstas conectando ideas pre-existentes?

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