Llicència de Creative Commons
El contingut d'aquest web està subjecta a una llicència de Reconeixement-NoComercial-SenseObraDerivada 4.0 Internacional de Creative Commons

Periurbanos – Zoo

Carlos Albalá e Ignasi López
Real Academia de España.
FotoGrafia International Festival. Roma. 2010

ZOO

1

Como sabemos, el espacio y el tiempo son entes inseparables. Allí donde hay espacio hay tiempo, y viceversa, unidos, en el caso más simple, por una sencilla ecuación.

Sin embargo, en el libro Exhibición de atrocidades su autor, J. G. Ballard, insinúa una manera muy sencilla e inteligente de aislar el espacio del tiempo, un mecanismo para separarlos que podría resumirse en lo siguiente: estamos viendo una película, un coche avanza por una carretera y, en el film, tiempo y espacio forman una célula indisociable. Ahora invertimos el sentido de avance de la película a la misma velocidad; el espacio permanece inalterado, pero parece como si el tiempo, resumido en la velocidad de un coche que da perfectamente las curvas marcha atrás, se hubiera desgarrado; como si el coche, y con él el tiempo, ya no perteneciera a ese espacio-carretera. Asistimos así a un aislamiento del uno en el otro.

Pero no es esa la única manera de aislar el espacio del tiempo. En las fotografías que nos presentan Carlos Albalá e Ignasi López también ocurre algo parecido en el formato estático propio de la fotografía. Nos ponen delante ruinas, pero parece como si el tiempo que acompañase a esas ruinas, a esos espacios, no se correspondiera con ellas. Algo no encaja. No son ruinas verdaderamente antiguas como el Partenón o el Coliseo, tampoco son las falsas ruinas o ruinas reconstruidas como el palacio cretense de Knossos, ni las ruinas de ocio kitsch de los parques temáticos, que dotan de vida a las civilizaciones maya y egipcia en el Levante español o en Orlando de una antigüedad de cartón-piedra. ¿Qué clase de ruinas son entonces estas? A finales de los años 60, el artista Robert Smithson, precursor del Land Art, en su célebre artículo Un recorrido por los monumentos de Passaic, Nueva Jersey (y más tarde en Hotel Palenque), reconocía como auténticos monumentos a este tipo de espacios de extrarradio, calificándolos de ruinas de futuro (en contraposición a la ruina romántica). Una nostalgia de lo que aún no ha ocurrido. Y es por esa paradójica nostalgia de lo que aún no ha ocurrido por lo que en estas fotografías el espacio y el tiempo se separan para reunirse en un ensamblaje amorfo, de manera meditadamente incómoda, inquietante, generando la pregunta, ¿cómo es posible que exista una ruina de futuro?

Al observar estas fotos tenemos la sensación de estar ante algo monstruoso en el sentido literal de la palabra (monstruoso sólo significa aquello que no está en su propia naturaleza). En efecto, parece que el tiempo presente debería tener otra naturaleza, no puede generar de manera natural espacios como estos, espacios del presente derrotados, propios de un tiempo pasado. Pero sí. Generan una mitología del presente al modo en que las mitologías antiguas describían paisajes y criaturas imposibles, o al modo en que la ciencia ficción de serie B exploró esos submundos desde el punto de vista de la ficción. Es entonces cuando estas fotografías entran de lleno en la misma categoría que los zoos humanos que tanto asombraron a las sociedades del siglo xix: la maravilla exótica, el hombre con dos cabezas que no se parece a nada salvo a sí mismo, el elemento único que causa extrañeza por no tener parangón, por carecer de copia. Lo que el sociólogo Abraham Moles llama el grado máximo de iconicidad: como piezas únicas que son, resultan iconos de sí mismos, o si se prefiere, copias de sí mismos a escala 1:1. En estas criaturas, como en estas fotos, también parece que el tiempo se hubiera separado del espacio, parece que debiéramos pensar que el tiempo presente no puede generar tales cuerpos, tales espacios, más propios de un pasado mítico o de un futuro incierto.

Es en esa fuerza extraña, en ese desgarro espacio-temporal que produce extrañamiento, donde las fotografías de Carlos Albalá e Ignasi López cobran todo su sentido.

Un zoo.

El zoo periurbano.

2

Estoy convencido de que el futuro está perdido en algún lugar en los basureros del pasado no histórico; se encuentra en los periódicos atrasados, en los vacuos anuncios de películas de ciencia ficción, en el falso espejo de nuestros sueños rechazados. El tiempo convierte las metáforas en cosas y las apila en cámaras frías o las coloca en los patios de recreo celestiales de los suburbios.

Robert Smithson, Artforum,1967.

Un recorrido por los monumentos de Passaic.

3

-Richi, tengo la impresión de que ya no estamos en Madrid.

Agustín Fernández Mallo, septiembre 2008.